Delicadeza versus genocidio
(De Oradour-sur-Glane a Nina Reicyn)
Claudio Rodríguez Fer *
La verdad es tan terrible que la extinción en suplicio de todos los nazis juntos no haría justicia a la muerte de un solo niño judío ante sus padres en el gueto de Varsovia, al dolor de una sola niña judía ante la muerte de su madre en el campo de concentración de Ravensbrück, al horror de una única familia pereciendo junta en una cámara de gas en Dachau o en Auschwitz, al trabajo forzado hasta la muerte de un extenuado cualquiera de los que regaló Franco a la cantera de Mauthausen, al hambre, a la tortura y al exterminio de una sola víctima de Hitler o de sus cómplices más o menos burócratas y más o menos banales.
Mas cuantas veces quemaron la dulce flor de la dignidad en los hornos crematorios y cuantas increíbles veces resucitó por la alquimia de la irreductible inocencia en permanente floración: “Resulta incomprensible / que existiese delicadeza / antes de los genocidios / y aún más absurdo / es que existiese después”.
Adorno ya es un adorno en la poética contemporánea, pero como escribir sin ese adorno y como no escribir después de Adorno contra toda guerra, hambre, peste o dolor conscientemente perpetradas. Cómo no escribir todos los días sobre el más absoluto mal, como por ejemplo el genocidio perpetrado por los nazis en la ciudad mártir Oradour-sur-Glane, cuyas ruinas musealizadas recuerdan la masacre de 190 hombres indefensos fusilados y de 246 mujeres y 207 niños ametrallados y quemados en la iglesia a sangre fría. Cómo no leer al benemérito investigador David Ferrer Revull que sin otro interés que el exclusivamente ético rescató décadas después a la olvidada última mártir de la nómina de los diecinueve exiliados españoles allí inmolados, Ramona Domínguez Gil, que pereció masacrada junto a su hijo anarcosindicalista, su nuera y sus tres nietos, los dos menores de nombres tan significativamente identificables con lo que se pretendía asesinar: Liberto y Armonía.
Por eso yo me inclino ante las fidelidades heredadas más allá de las razas y de las lenguas y más acá de los espacios y de los tiempos: la refugiada judía rusa Nina Reicyn se ocultaba en la casa de las antifascistas gallegas -exiliadas en el París ocupado por los nazis- Gloria Pérez y su hija María Casares, la futura actriz que por cierto siempre conservaría el retrato de aquella amiga hebrea que le ayudaba a entender, como no, filosofía. La valiente y solidaria Gloria, hija de cigarrera de A Coruña, pensaba que nadie podría imaginar que una judía se refugiase precisamente en la casa de otras refugiadas en situación irregular. Mas finalmente Nina Reicyn fue detenida, deportada y exterminada con su familia en Auschwitz y desapareció del mundo hasta que María Lopo la rescató partiendo de las memorias de su leal amiga María Casares: “Desde Rusia a la Sorbona, / pasando por la calle del molino verde, / desde Normandía a Estrasburgo, / pasando por la casa del arco iris: / tus pasos desandan los pasos del mal”.
Y con tenaz paciencia solidaria y comprometido esfuerzo generoso, María Lopo recuperó la memoria de Nina Reicyn localizando sus escritos, sus fotos, su familia, sus lugares, en fin, la vida de esta amiga electiva heredada de la otra electiva amiga que ni la barbarie exterminacionista logró escamotear a ninguna de las dos Marías ni por tanto al resto de las mujeres.
Porque acaso cuatro décadas después de
la desaparición de Nina Reicyn, María Casares la recordó para que, otras cuatro
décadas después de sus memorias, María Lopo la investigase y la diese a conocer
confirmando que la sororidad tiene muchos apellidos pero que siempre se llama hermana:
por delicadeza ante la barbarie perdió la vida Nina, con delicadeza contra la
desmemoria la recuperaron María y María. El fuego con que los nazis quemaron
aquel cuerpo no quemó el fulgor de la lucidez de su mente, revivida en el
recuerdo de su leal amiga y viva en la biografía de su ejemplar valedora contra
la injusticia integral: “Mi ideología / es tu
delicadeza / y mi humanismo / será siempre tu ética”.
oOo
Véanse como imprescindible
material al respecto el libro Recuerda. Españoles en la masacre de
Oradour-sur-Glane y el artículo "Victime oubliée du masacre
d'Oradour-sur-Glane" (publicado en la meritoria revista del exilio Les
Cahiers du Centre Toulousain de Documentation sur l'Exil Espagnol), ambos
de David Ferrer Revull, así como la edición introducida y anotada por María
Lopo de las memorias de María Casares, Residente
privilegiada, así como el reportaje "Nina Reicyn, a erudita xudía que
non puido salvar María Casares" ("Sermos Galiza",
11-6-2022), que anticipa el próximo libro de María Lopo sobre Nina Reicyn.
* Claudio Rodríguez Fer,
escritor e investigador literario y memorialista, es director de la Cátedra
José Ángel Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago de
Compostela y presidente de la Asociación para la Dignificación de las Víctimas
del Fascismo en Galicia. Ejerció como profesor visitante en universidades de
Nueva York, de Bretaña (es doctor Honoris Causa por la Universidad de Rennes y
presidente de honra de la asociación Memoria del Exilio de los Republicanos
Españoles del Finisterre) y de París (donde colaboró con los hijos del exilio
antifranquista y con su Asociación 24 de agosto de 1944 - La Nueve). Traducido
como poeta a ochenta idiomas, es miembro de la Academia Europea de las Ciencias
y las Artes, Premio Galiza Mártir en su tierra, Premio de la Crítica Española
en poesía, Medalla Eminescu en Rumanía y Premio Babel en Estados Unidos.
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