martes, 15 de septiembre de 2015

La nebulosa yihadista y el Estado Islámico

María Rosa de Madariaga

Historiadora
 
Si miramos el firmamento en una noche estrellada veremos que en él parpadean miles de estrellas. Pues bien, casi tantas estrellas como hay en el firmamento hay hoy grupúsculos yihadistas. De los numerosos surgidos en los últimos años, algunos son simples vástagos, ramificaciones de otros ya existentes, de contornos mal definidos, que se confunden con otros afines hasta formar una rebulosa informe, en la que de vez en cuando alguno aspira a destacar, ganar notoriedad e imponerse sobre los demás en la escena internacional, recurriendo a actos terroristas, cuya autoría reclama como hazañas heroicas. Estos grupúsculos neofundamentalistas desgajados de agrupaciones fundamentalistas de más envergadura se muestran mucho más radicales y extremistas en sus acciones que el tronco del que proceden. Tanto unos como otros se inscriben en el marco de lo que se ha convenido en llamar el Islam político (al-Islam as-siyâsî), porque hacen hincapié en el carácter político de la religión musulmana y tienden a llevar a cabo acciones directas contra el Estado.


Podemos decir que el Islam político moderno encuentra sus primeras manifestaciones en los Hermanos Musulmanes (al-ijuân al-muslimûn), partido fundado en 1928 por Hasán al-Banna en la ciudad egipcia de Ismailiya, situada en la zona del Canal de Suez. Los Hermanos Musulmanes (HHMM) adquirieron un carácter más político a partir de 1938, cuando, a través de su semanario al-Nadhir, difundían sus ideas, de las que no estaban ausentes amenazas de combatir a cualquier político u organización que no trabajaran a favor del Islam y la restauración de las glorias del pasado. Para entonces, los HHMM tenían ya más de 300 ramas que comulgaban con sus ideas. A principios de los años cuarenta intensificaron su capacidad organizativa y paramilitar. Dentro del movimiento se creó un “órgano secreto” y se formaron “falanges” especiales, a veces en forma de organizaciones de exploradores (“boy-scouts”). Los HHMM fundaron también sus propias empresas, fábricas, escuelas y hospitales, y consiguieron infiltrarse en varias organizaciones, incluidos los sindicatos y las Fuerzas Armadas, hasta el punto de que a finales de los cuarenta llegaron a representar casi un Estado dentro del Estado. [Leer más...]

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